Cuando las canciones hablan de ti

22.12.06

Litos

Aquel verano había sido largo pero todavía no le tocaba acabar. Todos éramos nuevos en el barrio. Nos sentíamos casi intrusos allí. Como forasteros recién llegados al pueblo. En aquellos tiempos el barrio era todavía un pueblo. No le quedaba mucho tiempo pero él no lo sabía, aunque sus gentes ya se lo temían. Por la calle pasaba algún coche de vez en cuando. No había autobuses todavía, ni parquímetros, ni aparcamiento subterráneo. Había algunos coches aparcados en la acera y enfrente, junto a las tapias del picadero, aparcaban los camiones de pescado y los de las mudanzas. Por detrás de nuestra casa blanca y relucientemente nueva, se esparcían las últimas casitas bajas, blancas de cal, como sacadas de algún pueblo de La Mancha. Todavía se podía comprar la leche en las últimas vaquerías que daban nombre a la calle. Todavía estaba en pie la taberna-tienda de Fidel donde íbamos a coger las chapas de Mahon y los chapines de Cinzano. Enfrente, junto a la estación transformadora de Hidroeléctrica vivía el Pituso en su furgoneta, todavía le quedaban unos años de vida antes de que la presión del nuevo urbanismo y una cerilla malintencionada acabaran de golpe con ella.
Nosotros nos acabábamos de conocer y apenas empezábamos a ser una pandilla. Nada más abrir un ojo por las mañanas nos lanzábamos a la calle con los patines de correas y los días pasaban descubriéndonos un mundo nuevo tan distinto de lo que conocíamos…
Uno de esas primeras tardes de septiembre fue cuando apareció Carlos con su cuerpo larguirucho y desgarbado. Estábamos trasteando entre los escombros cuando se acercó. No nos conocíamos de nada pero con gran naturalidad nos propuso un juego que en seguida aceptamos. Él se haría un refugio con ladrillos y tablones y se escondería allí mientras nosotros lo apedreábamos hasta acabar con él. Cuando todo terminó, se convirtió para siempre en Litos y se hizo un hueco entre nosotros.
Todavía recuerdo la sonrisa que se dibujó en mi cara cuando pocos días después, al entrar en clase el primer día de colegio, mi nuevo colegio, lo vi allí, en las últimas filas, pasando como siempre desapercibido para los demás. Desde ese día se convirtió en mi mejor amigo.
Ya hace muchos años que no lo veo. Demasiados.

Canción para hoy: Me he subido a un árbol - Los Flechazos

3 Comments:

  • La inevitable nostalgia de la Navidad.

    Hoy me ha escrito un amigo, respondiendo a mi felicitación, que lamentaba ser de los amigos "que no ha estado conmigo en las horas difíciles".

    No es cierto, si las horas hubieran sido verdaderamente difíciles, le hubiera llamado.

    By Blogger Arturo, at 22/12/06 19:29  

  • Precisamente esto es algo que me gusta de estos días, recibir llamadas o mensajes de gente que aunque ahora no forma parte de mi cotidianeidad sí lo hicieron en otros momentos de mi vida, y de un modo especial. La tarde de Nochebuena recibí la llamada de una amiga y compañera de piso de los tiempos de facultad con la que me pasé casi una hora hablando, recordando historias, riendo, en definitiva demostrándonos la una a la otra cuán importantes somos todavía mutuamente. Es lo bonito de las amistades, de las viejas, de las nuevas, y de las que tienen que llegar, no?

    By Anonymous Anónimo, at 27/12/06 19:09  

  • La amistad... uno de los valores más importantes para mí, y es el tiempo el que marca la intensidad, la duración... no se, tengo amigos a los que hace demasiado que no veo, como tu comentas, pero pensar en ellos sólo confirma que siguen ahí, siendo verdaderas amistades.
    Los comentarios de Arturo y Arual lo resume muy bien.

    By Blogger 3'14, at 28/12/06 22:53  

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